8 dic. 2006

Pequeño Dibujo de Vida-


Los días de calor el mar parece mas espejado. Creo que es por una reacción física de luminosidad con el sol y no se cuantas cosas mas; pero prefiero pensar que solamente es uno de esos pequeños milagros que el mundo se guarda para embellecer nuestros días.

La costa esta abarrotada de gente, por eso prefiero no bajar. Desde este décimo piso puedo ver toda la bahía, hasta el puerto, donde enormes monstruos de acero descargan todos sus pequeños botines del capitalismo sin frontera. Afean, es verdad, el hermoso océano, pero también sus sirenas tienen algo de poéticas, así que no voy a protestar vanamente.

Vivo sobre el océano hace unos 15 años. La ciudad me aburrió, me abrumó, me agotó yo todos los adjetivos relativos al cansancio que puedan imaginar. Tenía un empleo decente, como corrector en una editorial, pero, honestamente, odiaba desperdiciar mi vida de esa manera.

Trabaje durante unos 8 años ahí, y a fuerza de ahorro y soledad (que es la base del ahorro, créanlo o no), logré comprar este pequeño y humilde departamentito en las afueras de la ciudad balnearia.

Claro que en verano se llena, no voy a negarlo. Estar aquí en diciembre o enero es lo mismo que recorrer sin Virgilio el séptimo circulo del infierno.

De todos modos, no es lo mismo que en la ciudad. Acá la gente viene a escaparse de lo que yo me escapé hace 15 años. Del ruido, de la falsedad, de la hipocresía y de los cigarrillos con gusto a smog. Así que, de alguna forma, comparto algo con esa millonada de personas. Ok, miles.

Volviendo la mirada adentro solamente puedo apreciar dos cuadros de mi humilde autoría, que no son Kandinsky, pero tampoco son horribles; una vieja computadora que me sirve para escribir, por ejemplo, esto que están leyendo, una cama siempre desarmada y montones de libros formando confusos laberintos en el suelo alfombrado. Mas allá está la cocina, un pequeño lugar donde disfruto de mi amateurismo gourmet y el baño, del cual no tengo demasiado que decir. No tengo televisión, pero por el contrario, me enorgullezco de poseer un bello equipo de música y varios cientos de CDS que disfruto cada día.

Ese es mi pequeño refugio. La música, mis libros, mis pequeños placeres, tan lejos de esas banalidades citadinas de las que alguna vez me enorgullecí. Porque, ¡claro!, ¿Cómo voy a negar que, alguna vez, quise tener el auto ultimo modelo, con el piso en Libertador y el reloj de 10 mil dólares?

Todos, alguna vez, pensamos en que ser mejores se limitaba en tener una buena cuenta bancaria, salud prepaga, una buena esposa a quien engañar con una buena amante, hijos absortos en el ciberespacio y demás placeres post Milton Friedman. Lamentablemente, no todos podemos advertir que todo esto es una simple mascarilla de la verdadera necesidad que tenemos en nuestros corazones. La hermosísima libertad, la amada filosofía y el siempre necesario rock and roll.

Fumar, leer, escribir, mirar por la ventana la ridícula eternidad que forma en cielo con el mar en ese horizonte solamente comparable con la cinta de Moëbius, eterna y distante, nunca completamente vista. Eso es la vida.

Indagar, preguntar, facultarse, darse cuenta de que todo lo que nos rodea no son mas que mascaras impuestas, pequeños actos de violencia contra nuestra cultura.

Algún día, tengo la esperanza de que el Mayo Francés vuelva a nosotros, y que la imaginación vaya al poder.

Que sea ley todo lo que nosotros, ustedes que me leen, y yo, desde mi humilde posición de espectador de la vida, queremos para este mundo.

No quiero que con esto piensen que yo, A…, creo tener todas las respuestas de la vida… Nada mas distante que eso. Solamente quiero, pretendo, hasta si me apuran, imploro, no ser el único en esta búsqueda de pequeñas verdades que el mundo esconde para nosotros. No todo lo que es oro brilla y no todo lo sucio es fango. De la nada surgió todo alguna vez, y todo se vive escondiendo en capas y capas de nada, que hay que correr con súbito desprecio, sin pensar en las (hermosas) consecuencias.

Yo empecé la búsqueda, creo que con un moderado éxito. Pero aún falta. Leer, escribir, sentir y vivir son prioridades con las que me despierto diariamente. Amar, odiar, sentir miedo y felicidad, pequeños placeres que me puedo dar de vez en cuando. No, no soy estoico, no puedo no sentir la banalidad del planeta y abominarla. No puedo, tampoco, ser Epicuro, y vivir en mi jardín viendo como todo pasa, regodeandome en mi placer.

No hay un lugar para mi en el mundo como lo conocemos, por eso debo hacermelo. Y se, o creo saber, que no soy el único en esta situación.

Tal vez esté por venir el día en que todos los espejos de la realidad se rompan, y todos por fin nos olvidemos de aparentar frente a ese triste y falso reflejo que, cada tanto, nos enorgullece.

Tal vez, ese día, una persona se acerque hasta mi y, en silencio, riamos juntos.

1 comentario:

dana dijo...

¿Te puedo acompañar en tu búsqueda? Creo que mi lugar en el mundo es al lado tuyo...