22 ene. 2007

Vestido Rojo·


Siempre le gustó ese vestido. Era rojo y entallado, muy pegado al cuerpo. El escote era pronunciado, pero fino, sin caer en la chabacanería o la ostentación física. Sin embargo estaba lleno de sugerentes sensualidades que hacían que él imaginara a esa preciosa prenda sobre la que alguna vez sería su amada.
Cada vez que paseaba por la galería, él miraba ese vestido. En su imaginación, se lo vestía a sus mas bellos recuerdos. Ex novias, compañeras de trabajo, e inclusive top models, excelentes muestrarios para esa preciosa pieza de costura. “Algún día- se decía- le voy a regalar este vestido al amor de mi vida”.
El tiempo pasó, y el vestido seguía ahí. Él suponía que no era el único, ya que una prenda de esas características debería tener una comercialidad bastante amplia. Era precioso, y cualquier mujer con criterio lo compraría para ser el blanco de todas las miradas en los eventos sociales.
Un día, como cualquier otro, la conoció a ella. Era algo mas joven que él, pero no le importaba. Se identificaban mutuamente, compartían gustos y hasta vivían muy cerca entre si. Se cruzaron por casualidad en un mercado, y desde ese momento, sintieron que eran el uno para el otro.
Ella era muy bonita. Acababa de terminar sus estudios universitarios y comenzaba a dar sus primeros pasos como profesional de las finanzas. Tenía una actitud muy fuerte, acompañado por un carácter atropellador y por una popularidad envidiable, tanto en el marco de la universidad como en el laboral. Ella era la clase de personas predestinadas a liderar, a mandar sobre otros. Era, lo que se podría decir, una mujer del siglo XXI, tan emprendedora como moderna, tan preocupada por la moda como por la evolución de la tecnología, tan desprejuiciada como femenina.
Esto había sido una factor importante para su romance. A él le encantaba tener a su lado a una mujer con carácter, independiente, con gran garra para los negocios y con una imagen socialmente inmaculada. Era lo que buscaba, una chica con la que podría hablar, y discutir, y debatir de casi cualquier tema. Pero, como todos sabemos, lo que buscamos, a veces se nos puede poner en contra.
Un día le compro el vestido rojo. Ese, que siempre quiso ver en su amada, como obsequio por el primer aniversario. A ella le encantó, tanto que solo se lo puso para probárselo antes de guardarlo en el placard muy bien cubierto, para prevenirlo de pequeños parásitos, manchas u olores desagradables.
Dos meses después, una recepción en la oficina la obligó a vestirse bien. “puedo ir?”- preguntó él- Ella lo miró, con cara algo socarrona, y le dijo “amor, son cosas del trabajo, y no quiero mezclar”. Lo entendió, pero frunció el seño. El hecho de que una persona con ese carácter, tan atractiva para los hombres vaya sola a una fiesta donde todos la rodearían no era de su mayor agrado. La popularidad de su pareja era algo que, si bien amaba, también le afectaba. No por envidia, sino por la inseguridad de perderla ante alguien mas afín a ella, o simplemente por celos de imaginarla siendo deseada por todos los hombres de la oficina.
Ella entró a cambiarse para salir, mientras él veía el partido del viernes en la televisión. Unos 20 minutos después, ella salió, con el hermoso vestido rojo, que parecía pintado sobre su cuerpo. El color resaltaba su pelo oscuro, mientras que el corte de la prenda insinuaba todas sus sensuales curvas.
Era la primera vez que él la veía con el vestido desde que se lo había comprado, pero, por algún motivo, ahora no le gustaba tanto. Hubo unos segundos de silencio entre los dos, en los cuales el aire se podría cortar, de lo denso que era. De pronto, el decidió quebrar ese vidrio que los separaba con

- ¿Así vas a salir?

2 comentarios:

dana dijo...

Excelente cuento... hombres, mujeres, quién los entiende?

Te amo mucho!

Rutina en cubitos dijo...

me gusto mucho el cuento, que raras esas cosas tan pequeñas que nos atraen o repelen no? en fin

PD: me mato lo del pacman!

Salù y dinero

M.-