12 jul. 2007

El pancho como paradigma de la evolución-

El embutido, un paso arriba del hombre

Frederich Nietzsche, en su libro “Así habló Zaratustra” presentó uno de sus mayores postulados: El del advenimiento del Superhombre. Con esto, el nihilista alemán quiso expresar su descontento con la alienación que sufría la sociedad en su época con temas como la religión, a la que descalificó totalmente, asegurando que “Dios estaba muerto”.
Desde la salida de esos escritos, el ser humano siguió siendo, más o menos, igual que siempre. Las magnificas clases Nietzscheanas no sirvieron a los mortales para alcanzar ese limbo de grandeza que Zaratustra ofrecía a sus seguidores.
Pero las realizaciones del hombre si evolucionan. Con sus manos, los avances, tanto tecnológicos como sociales, crecen a pasos agigantados. En este lecho que ofrecemos, una especie evolucionó más que todo lo que conocemos. Este cuerpo, aunque parezca mentira, es el pancho.
Si, la sabrosa combinación de pan y salchicha ha evolucionado de manera radical en los últimos tiempos. Ya nadie sabe lo que es un “pancho”, así, a secas. Hoy todos hablamos de “Súper panchos”, afirmando así que hubo una clara evolución, tanto en su morfología (en cuestiones mórficas, y porque da más de morfar) como en cuestiones sociales. Antes, comer un “pancho” era “mersa, grasa, cache”. Hoy, los “Súper panchos” son consumidos por todas las clases sociales, desde los más ricos a los mas carentes de medios. Esto solo nos muestra su magnanimidad.
Hay muchas teorías por las cuales podemos adivinar la evolución de este embutido. Ahora solamente me referiré a dos: La Darvinista y la judeo- cristiana.
Como muchos de ustedes saben, en “el origen de las especies” el científico Charles Darwin postuló que solamente los seres más aptos sobrevivirían, mientras que los débiles iban a perecer, víctimas de los cambios a los que no estaban adaptados. El pancho tuvo su génesis a mediados de los años 80, cuando el consumismo no era lo que es hoy. La gente podía comer un pancho, sin siquiera imaginar en hacerlo más grande. El pancho era eso, y nada más. Esto nos muestra también lo pequeños que somos cuando nadie nos ofrece el cambio.
A mediados de la década de los 90, el capitalismo llegó a límites insospechados. Todos los productos venían más y más grandes, y todos moríamos por tenerlos. Así surgió el “Súper”.
Primero fue algo rechazado por algunos sectores. “No papá, parezco un puto devorándome este pedazo de salchicha”, decían algunos. “No, esto no me entra en la boca”, mentían otras. Pero el tiempo comenzó a demostrar que el súper era más conveniente que el de siempre. Uno podía tener mayor cantidad de comida solamente por algunos centavos más. Así, el pancho comenzó a sucumbir ante el súper, obviamente más apto para la situación neoliberalista del mundo.
Hoy desafío a cualquiera a que encuentre un local donde exista siquiera la opción de comer un pancho normal. El súper, más apto, sobrevivió, demostrando así que Darwin tenía razón.
Pero otro sector de la sociedad no se vio satisfecho con esta explicación. La iglesia, permanente refutadora de Darwin, alzó su grito hacia el cielo (y no en plegaria) para afirmar que no existe tal selección natural, y expuso otra tesis: El pancho normal es antediluviano, mientras que el súper, es luego del Gran Diluvio. En esta explicación aparece un nuevo factor en el análisis, que es la lluvia de papas.
La creación de este nuevo condimento comenzó a condicionar el pequeño espacio que tenían los panchos para poner cosas sobre él, por eso, la confortabilidad que ofrecía el súper era mucho más conveniente para que nuestros obesos consumidores (la nueva arca) pudieran sellar a sal y fritura su pacto con el nuevo producto.
Así, el pequeño pancho se vio sin la oportunidad de salvarse ante la tormenta de papas, por lo cual, decidieron que lo más lógico era que dejara de existir.
Esta teoría eclesiástica no disgusta del todo a los Nietzscheanos y los Darvinistas, sin embargo, prefieren pensar que el pancho es solo un germen de la evolución que sufriremos los seres humanos en muy poco tiempo, que nos trasladará de nuestra humilde posición de hombres hasta el ansiado “Súper hombre”.
Pero, aunque lleguemos a eso, seguiremos un paso atrás de nuestro embutido amigo. Estudios recientes indican que en algunos lugares ya hay a la venta un nuevo espécimen de pancho. Esta nueva criatura posee el prefijo “Mega”, lo que indicaría una clara superioridad ante el humilde “súper” que defendimos en esta tesis. Será cuestión de esperar, para ver si el ser humano puede presenciar otra vez la rauda evolución del embutido hacia la superioridad (dirán unos) o hacia Dios (dirán otros)



N del A: Si, la limé... y?... la ciclotimia al palo!

2 comentarios:

Anónimo dijo...

MUY BUEN ARTICULO(PARA VARIAR)PERO ME QUEDA UNA DUDA.. EN LA EVOLUCION DEL TAN PRECIADO EMBUTIDO, DONDE ENTRAN LAS VIENISIMAS CON QUESO?? SALUDOS

dana dijo...

Definitivamente, con la llegada de las vienisimas con queso, el pancho se aproximó a Dios. Con la creación del "Mega", el pancho llegará a su punto máximo de evolución (no debemos olvidar las diferentes salsas y la lluvia de papas pay que hoy en día se le pueden agregar), será SUPREMO.
Totalmente delirante el texto, es genial.

Te amo mucho lindo!