21 sep. 2006

Aniversario-


Hacía mucho tiempo que no se veía un invierno así en Buenos Aires. El frío esta más crudo que de costumbre, la lluvia cae helada y la gente pasa por la calle como paseando por el Polo Sur. Pero verdaderamente todo eso me pasa sin cuidado por al lado mío. Desde mi oficina, en el quinto piso de este edificio, con calefacción, nada del exterior importa.
Así es mi rutina. Levantarme a las seis, llegar a tiempo al trabajo para que me den el plus de puntualidad, sentarme en mi escritorio y empezar a analizar los casos del día, de los cuales poco me interesa. Divorcios, reclamos, pseudo héroes que acusan a empresas imposibles de vencer y todas esas cosas que hacen de mi empleo una autentica mugre, pero, trabajo es trabajo…y de algo hay que vivir.
Después, a las 9, llega Benítez, el jefe. Ve lo que estoy haciendo, pregunta un par de intrascendencias y luego su clásico “siga por el buen camino” de despedida. Unos minutos mas tarde llega Lucía, mi secretaria, con archivos y casos nuevos para ocuparme. Siempre con sus polleritas diminutas, su rodete y sus anteojitos que le dan ese aire de come hombres graduada en Harvard. Luego de leerme toda la agenda tiende a coquetearme, pero no puedo, soy un hombre comprometido, y hoy es el aniversario.
A media mañana sigue mi día bajo los disparos de teléfonos, faxes, mails y testigos falsos o aburridos. Escucho pacientemente como el señor Asunción coronaba a la señora Lima con una muy agraciada cornamenta. Que los nenes si, que los nenes no, y el habitual “que se pudra en la calle”… ¿Que lindo que la gente se quiera, no?
Por suerte, con Celeste nunca fue así…ya son 15 años, pero hoy solo celebramos 9.
12 en punto…Hora de almorzar. Voy a Colón. Un Restaurante bastante bueno enfrente de la oficina, acompañado como siempre por Lucía y Gabriel, otro leguleyo como yo. Mi almuerzo se basa en salmón al grill, el de Gabriel, lomo con champiñones y Lucía una ensalada mixta “para cuidar la figura”. Mi amigo y yo compartimos vino tinto, y ella, obviamente, tomó agua mineral sin gas.
$ 85, hoy pago yo (nos turnamos el día de pago con Gabriel, Lucía siempre come gratis…injusto, eh…)
A la 1: 10 ya volvemos a la oficina. Y yo no puedo aguantarme mas…Quiero llegar y verla a Celeste, saludarla y regalarle un hermoso ramo de orquídeas. Decirle cuanto la amo y todas esas cosas lindas que se suelen decir en los aniversarios.
Lucía me dice que Benítez quiere verme…que pase. “Usted siempre trabajo bien, usted es un gran abogado”, usted esto, usted aquello. En definitiva, me dijo que en un mes el piensa retirarse, y quiere dejarme su lugar en la firma “para que yo siga por mi buen camino”. Es una muy buena noticia, considerando que es una de las dos personas más poderosas del bufete. Sueldo más gordo, más vacaciones, menos trabajo…simplemente perfecto. Pero para eso falta un mes…hoy es hoy, y tengo mejores cosas que hacer. Antes que nada debo acomodar un poco el desastre que es mi escritorio. Archivos, derecha; casos, izquierda, las bolitas que bailan de forma hipnótica, adelante y junto a mi, mirándome con una calida sonrisa, una foto de Celeste.
Y ya son mis últimos minutos de trabajo. Archivo un caso de divorcio que termino, digamos, “bien” y me voy a ver a mi amor.
Antes de subirme al auto, le compro las orquídeas que tanto le gustan, luego, 15 minutos de viaje hasta llegar a destino.
Una vez ahí la veo, en el mismo lugar de siempre. Me acerco a ella, beso su foto y susurro muy despacio “feliz aniversario amor, te extraño mucho. Ya son 9 años”.

N del A: Quienes hayan visto el blog anterior sabran que es un cuento viejo... pero bueno, le tengo mucho cariño y quería que esté entre los cuentos de esta nueva pagina.
J-

1 comentario:

dana dijo...

Cada vez que lo leo no puedo evitar que mis ojos se llenen de lagrimas. Es uno de mis preferidos...